Entonces habló el rodaballo. No estoy seguro de si me asombró más el discurso de su boca torcida o el hecho liso y plano de haber capturado en una nasa de anguilas un planchado rodaballo. En cualquier caso, a sus palabras "hola hijo" no respondí con una pregunta sobre su sorprendente capacidad de hablar. Me interesaba mucho más saber que había impulsado a un pez plano como él a meterse por los tres estrechamientos de una nasa.
El rodaballo me informó. Didáctico desde el principio, con superioridad omnisciente y por ello, a pesar de sus afirmaciones categóricas, nasalmente locuaz, doctoral, poniéndole paño al púlpito y a la gente de vuelta y media, o molestamente paternal: quería conversar conmigo. Lo que lo había impulsado no había sido una curiosidad tonta o (como dijo ya entonces) femenina, sino una decisión bien meditada de su voluntad viril.
Günter Grass::El rodaballo

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