septiembre 06, 2006

Hay días increíbles: el sol hace resplandecer los edificios contra el cielo más azul. Días intensos, el verde parece más verde, los sentidos están más abiertos. El tráfico es el fondo de los pensamientos, los envuelve sin quebrarlos porque la concentración se potencia con la belleza.
Se camina lento o rápido, pero si el aire es tibio lo cotidiano parece milagroso: flores como margaritones, de tallo grueso y firme, se elevan desde un techo, creciendo esbeltas sobre la roñosa porción de tierra que quedó estancada entre los resquicios de dos tejas romanas.
Los días perfectos sólo son perfectos cuando la suavidad está encerrada dentro de uno, y ese encierro es dulce y voluntario. El ojo, cuando mira, transforma. El piso no es ni blanco ni negro, es multicolor e invita a dar un nuevo paso.

- ... cinco segundos de perfección justifican un día entero de tedio - dice de golpe Alex, interrumpiendo el silencio agradable que nace del entendimiento, justo cómo si su mirada casi humana adivinara el río de pensamientos de ele.