mayo 05, 2007

Hacemos intentos desesperados porque Guillermo no rompa todo y aprenda algo. En el museo de Botero, cuadros genialisimos: Miró, Degas, Delvaux. Y Botero, claro. En sangría, carbonilla, acuarela, óleo, bronce. Criaturas gordas, grotescas, desmedidas, con ojos ligeramente estrábicos. Todo es gordo en el mundo Botero. Guillermo se asusta con los gordos, mete la cabeza bajo el ala, se pone un poco clueco. Al final nos da pena su miedo, lo sacamos al jardín y le compramos maíz. Aunque sea un inadaptado social, no lo queremos ver triste.