
O sea, era totalmente predecible. Lo que pasa es que uno a veces se pasa de optimismo.
Un espacio cerrado durante un número importante de horas no es para Guillermo. El no tiene códigos sociales. Después de estar un rato asustado, con el cinturón de seguridad apretándole el emplumado vientre, le vino como un ataque de guillermez y salió volando de acá para allá, se metió en la clase ejecutiva, picoteó a unas señoras exquisitamente vestidas, les masticó el borde de la laptop a unos tecnonerds, llenó todo de plumas, deshilachó mantitas, corrió entre los pasillos sin que nadie lo pudiera detener y cuando se aburrió se metió en el baño, tapó los detectores de humo y entró a fumar tabaco armado hasta que se aburrió. Ninguna azafata logró detenerlo. ele ni se molestó: hay que dejar que todo fluya es la base de su filosofía. Al final el capitán, hastiado de que su avión oliera a gallinero, activó el modo automático, atravesó la clase turista con grandes zancadas, abrió la puerta a mordiscones y mandó a Guillermo a la bodega.
Mientras tanto Alex miraba nubes por la ventanilla y trataba de que nadie se diera cuenta que Guillermo y él viajaban juntos.

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