junio 08, 2007

Alex mira el poniente en espera del rayo verde que le llene la vida de buena fortuna. Entre tanto piensa que alejado de su vida cotidiana, tiene muy pocas oportunidades para ir al cine y ver películas. El atardecer en Hawaii tiene un perfume muy especial y le hace recordar un increíble diálogo de El ladrón de orquídeas:

*
Donald: Yo amaba a Sarah, Charles. Ese amor era mío. Yo era su dueño. Ni siquiera Sarah tenía el derecho de sacarmelo. Yo puedo amar a quién yo quiera.
Kaufman: Ella pensaba que eras patético.
Donald: Eso era problema de ella, no mío. Tu eres lo que amas, no quién te ama a tí. Esto lo decidí hace mucho tiempo.
*

Se queda pensando en Danielita. En todas las cosas que deberá decirle algún día. Y se llena de sopor y se va quedando dormido.